Sandieguistas ¿en vías de extinción?

Con un futuro promisorio y como un proyecto para bien de la educación de la población campesina, vio su primera luz la Escuela Normal Rural de San Diego, Tekax del Estado de Yucatán.

Año de 1946, su fundación, producto nato de la Revolución mexicana e impulsada por la política del General Lázaro Cárdenas, se estableció en la ex hacienda de la cual heredó su nombre. Muy pobre en recursos materiales y económicos, pero con una fuerte carga de espíritu emprendedor en los docentes, empleados manuales, administrativos y estudiantes. Esta escuela comenzó su misión formadora de maestros rurales, de los cuales egresaron veinte generaciones, maestros, que por requerimientos del servicio educativo, fueron en muchos casos, asignados a diferentes rincones del territorio nacional.

No era fácil para muchos alejarse del terruño, pero seis años de preparación nos permitieron superar los momentos difíciles de los primeros años del ejercicio profesional, la nostalgia por nuestra familia solo cedía para dar lugar a la nostalgia por el internado que nos cobijó en nuestra adolescencia y parte de nuestra juventud, tiempos de privaciones, de aprendizaje sí, pero también tiempos de cambios, de luchas, esperanzas y de sueños, tiempos dorados pues. De luchas estudiantiles cuando las más profundas raíces ideológicas en que se sustentaba la existencia de esta y de las otras Escuelas Normales Rurales, que no son otra cosa más que producto de nuestra revolución social, se veían reducidas al mínimo de su expresión o amenazada con el sofocamiento y desaparición, lo cual aconteció a partir de la vigésima generación de egresados a pesar del es fuerzo de los estudiantes que quedaban los cuales fueron trasladados a la Normal de Hecelchakan. La movilidad hacia otros estados de los elementos que egresaban diezmaron el vigor en la defensa de la escuela.

Hubo ocasiones en que en nuestros movimientos reivindicatorios, nos cortaron las partidas de raciones para debilitarnos, para doblegarnos, de tal manera que teníamos que pedir apoyo de la población circundante, de nuestras familias lejanas, todavía conservamos las imágenes de padres de familia, llegar en romería los fines de semana trayendo víveres, verduras, etc. para nuestra subsistencia y para sostener nuestra causa.

Eran días de sufrimiento, de sacrifico, pero también de triunfos, aquellas esperan zas y aquellos sueños eran por un mundo mejor, para que las generaciones futu ras de estudiantes no sufran lo que nosotros sufrimos.

Son estos elementos y otros más que compartidos en nuestra inmensa familia, forjaron el espíritu Sandieguista.

Sin embargo, las crónicas de la escuela Normal de San Diego Tekax (nombrada Gregorio Torres Quintero en sus postrimerías) registran veinte generaciones, ha biendo egresado la última a inicios de los años 70. Sin duda el producto de nuestra escuela está regado por todo el país, muchos egresados han escalado a posiciones relevantes en diferentes campos del ejercicio profesional y los hay impartiendo sus conocimientos en instituciones de educación superior; Es evidente que muchos de los egresados se nos han adelantado en el viaje. Hoy, debido a la tendencia de muchos exalumnos de retornar a trabajar a Yucatán, su tierra, es posible organizar convivencias y reuniones, visitas a la escuela en su aniversario y retroalimentar con las notas del Himno Normalista aquel espíritu que con la edad y el tráfago de la vida actual se va debilitando. Reducido como grupo por las defunciones, la ubicación geográfica de muchos y debilitados en lo individual por la edad, ¿Cuántos quedamos? ¿Refleja en nosotros su luz esa antorcha emblemática que miramos en la portada del Eco Normalista? El tiempo nos ha demostrado que día a día esa luz será más tenue, denotando su inminente extinción.

Talvez sea ésta la razón por la que, hasta ahora no se percibe una reacción en nuestras filas sobre los acontecimientos en la hermana Escuela Normal de Ayotzinapa. ¿Es que ya no tenemos capacidad de reacción?, ¿Es la distancia y el tiempo lo que nos desliga de nuestros hermanos de Ayotzinapa? ¿Es ya tan limitado nuestro espíritu Sandieguista que no alcanza para compartir con los actuales estudiantes de las Escuelas Normales Rurales nuestra convicción, aquella que nos sostuvo en nuestros tiempos de pugna por mejores condiciones de vida en el internado? Nuestra edad nos restringe para algunas acciones, pero nuestra voluntad y experiencia aconsejan que la solidaridad no está reñida con la mesura ni con la generosidad.

Nuestros hermanos menores de Ayotzinapa están hoy en una encrucijada, pues no solamente se les ha suspendido el techo financiero de raciones y de la mensualidad (el pre), de tal manera que ellos están siendo apoyados por la población solidaria de las comunidades circundantes ( lo mismo que en diferentes ocasiones en nuestra época de estudiantes sufrimos) sino que peor aún, nueva mente han sido asesinados algunos de ellos y desaparecido a 43, o sea que las cosas allá, contrariamente a nuestras esperanzas y sueños sí han cambiado, pero de mal en peor.

Compañeros egresados de la Escuela Normal Rural de Sandiego.

Éste es el momento preciso de trascender nuestra extinción, es cierto que aquellos bríos y aquel entusiasmo desbordante no son los mismos, pero estamos enriquecidos con mayor razonamiento y abrigamos los mismos principios e incluso estos han sido fortalecidos, y sabemos con certeza que a nuestros hermanos de Ayotzinapa les asiste la razón, tanto como nosotros la tuvimos en nuestra época de estudiantes y hoy ellos son nuestro reflejo.

Aferrados a la razón y cobijados con la solidaridad del pueblo ellos subsisten y sostienen la causa que un día fue y sigue siendo la nuestra.

Ellos necesitan alimentos y aliento, ellos nos necesitan hoy más que nunca.

Debemos reunirnos, debemos debatir, debemos actuar.

Ermilo Peraza Quiñones

Exalumno XV Generación.

perazaqermilo@outlook.com

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