BREVES NOTAS SOBRE NUESTRA EDUCACION NORMAL RURAL

BREVES NOTAS SOBRE NUESTRA EDUCACION NORMAL RURAL.

 

Por José Santos Valdés

 

Con frecuencia he leído publicaciones oficiales provenientes de las Escuelas Normales Rurales y de la propia SEP, en las cuales se dan datos, se proporcionan informaciones que no corresponden a la verdad sobre el nacimiento y desarrollo de la Educación Normal Rural de nuestro país. La Dirección de Enseñanza Normal de la SEP, debería designar a una persona o una comisión con tres miembros que –después del estudio de los documentos oficiales y de las obras, ensayos y artículos confiables al respecto- redacten la historia de la Educación Normal Rural nuestra como parte –desde luego- de la historia de la Educación Normal en México.  Lo anterior hará posible que en todas las escuelas normales del país, urbanas y rurales, oficiales y particulares, maestros y estudiantes tengan a la mano información verás que les permita encontrar las motivaciones de orden filosófico, social, jurídico y político, que expliquen su origen y cambios hasta la situación que guarda la educación normal –urbana y rural- actualmente.  Quedarían –en el caso de las Escuelas Normales Rurales- completamente claras las circunstancias de su humilde origen y –a la vez- los claros propósitos perseguidos por sus fundadores, sobre el tipo especial del   maestro rural que aspiraban a formar, sintetizando en estas palabras: un maestro rural que enseñara sólo a leer, escribir y a “hacer cuentas”, realizaría una pobre labor; lo que convertiría en poderosa fuerza social su trabajo, iba a manifestarse en su capacidad para lograr un cambio general de la vida comunal, para alcanzar niveles humanos –cada día mejores- en cuanto a vivienda, alimentación, salud, vestido, trabajo, comunicaciones y recreación. Si la enseñanza del alfabeto y los números no se ligaba estrechamente con lo anterior, el propósito fundamental de la educación rural, no quedaría cumplido.

 

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El 22 de mayo de 1922, en Tacámbaro, Michoacán, se fundó la primera Escuela Normal

Regional –este fue el nombre con el que se conoció a las primeras Escuelas Normales Rurales- y para

1926 –solo se habían fundado dos más. Según el extraordinario maestro mexicano- profesor Isidro Castillo Pérez, cuya obra en cinco tomos decorosamente presentados, “México: sus revoluciones sociales y su educación”, pequeña enciclopedia sobre la materia, recomiendo leer,       -tan lento crecimiento se explica por qué se vivía un período de incertidumbre: hasta el año citado  -1926- no se había formulado un programa oficial de estudios para el nuevo tipo de escuela normal.  Escuela que encontró resistencia: en cierto modo, el academismo heredado del positivismo comtiano heredado –a su vez- del porfirismo, no le daba su aprobación.  Nació agresiva, rompiendo con la vieja filosofía -imbuida por el espíritu de la revolución –como lo prueba la redacción de un cartel que, el maestro Moisés Sáenz , encontró en su primera visita a la Normal Regional de Tacámbaro, en una de sus aulas: “No pedagogismos, sino más inspiraciones de la vida.  Las necesidades del pueblo son los fines de la educación”.  A todo lo anterior, solo agrego que la persona encargada de la primera Normal Regional (rural) no pudo seguir atendiendo la dirección y al retirarse la dejó en manos del Profesor Isidro Castillo, con el que terminó su primer año de trabajo. Todo esto es historia pero tal vez desconocida y tan olvidada, que al conmemorarse el Cincuentenario de la Educación

Normal Rural, el maestro Castillo no fue invitado a los actos conmemorativos correspondientes. Una escuela que nació sin becas para los alumnos, sin presupuesto para el sueldo de los maestros, sin servicio de internado (era mixta), improvisó dormitorios para alumnos, consiguió alojamientos para las alumnas con las familias de la comunidad.  Sin tierras de cultivo, recibió en donación una hectárea de tierra buena con riego.  En una palabra: nació casi desnuda y no contó con la ayuda – porque no la había- de una fuerte organización campesina y sí con precario amparo del vecindario de Tacámbaro y de una pobre –podríamos decir misérrima- autoridad municipal, ¡Pero qué lección tan sabia y rica de contenido educativo, social y pedagógico –aunque esto último no les agrada oírlo decir- le iba a dar a la futura organización de la educación normal de México!

 

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En 1926 visitó a la Normal Regional de Tacámbaro –pionera del sistema- el maestro don Moisés Sáenz y, al año siguiente, el maestro don Rafael Ramírez Castañeda –el estructurador de nuestra educación rural.   Ambos –don Moisés fue el gran aliento que impulsó y señaló claros propósitos a la educación rural- dejaron en sendas notas laudatorias su aprobación por el trabajo llevado a cabo en tan breve tiempo. Además, expresaron entusiasmo por lo que ahí se había hecho y lo que vieron hacer: por las mañanas predominaban el trabajo aúlico –materias académicas y por las tardes los alumnos- hombres y mujeres, según sus propios gustos, tendencias, aficiones, realizaban el aspecto práctico del programa de trabajo en talleres, campos de cultivo y economía doméstica.  Contaban con “talleres de herrería y hojalatería, carpintería y curtiduría (preparaban suela, oscaria y glasé por métodos modernos); pequeñas industrias, como jabonería y conservación de frutas y a alimentos”. En sericultura el proceso abarcaba “desde la cría del gusano de seda hasta el devanado del capullo y el teñido y tejido de prendas sencillas de seda”.   En la hectárea que proporcionó el Ayuntamiento se organizó pequeña granja con gallinas Minorca y Rhode Island traídas del sur de EE.UU., se importaron núcleos de abejas italianas, echaron a andar, además del apiario y el gallinero, una conejera.   Todo a base de organización cooperativa del trabajo. Igualmente, plantaron frutales de la región y se introdujeron vástagos de plátano Roatán y plantas de café que allí no se conocían.  En pequeñas parcelas se cultivaban varias hortalizas, frijol, soya y plantas forrajeras, entre éstas una especie de alfalfa gigante de Oaxaca. Además, la Escuela Normal Regional (rural) tomó parte activa en la realización de los proyectos de interés comunal: mejoramiento del hospital que allí funcionaba y en la apertura de una brecha a Pátzcuaro, la que después se convirtió en carretera que benefició a Tacámbaro.

 

Todo lo anterior lo vieron y comprobaron tanto don Moisés y si lo relato es por una circunstancia: dio rigen y contó mucho al formularse, para que se cumplieran, las bases para el buen funcionamiento de las tres escuelas de ese tipo que entonces había y para organizarlas después. Quiero expresar que durante años comprobé el profundo afecto que don Rafael sentía por el maestro Isidro Castillo –que allá a principios de los años treinta, era Inspector Escolar Federal- comisionado en  Álamos Sonora, afecto sobre cuyo origen jamás me atreví a preguntar a ninguno de los dos, pero que conociendo lo que arriba queda escrito, se explica satisfactoriamente.

 

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El año de 1926 se contaba con tres EN Regionales y en ese mismo 1926 fueron organizadas y hechas funcionar, cuatro más y cinco años más tarde, en 1931, el país contaba con 17.  Ya antes, como quedó escrito, se habían dado las bases para la organización y funcionamiento de las ENR. Además, la SEP, había dictado disposiciones para remediar la miseria económica –y miseria es la palabra justa- que reinaba en las escuelas que preparaban al maestro rural. Estas bases las resumo así:

 

1)   RECLUTAMIENTO

a)   Los aspirantes no deberían sobrepasar la edad de veinte años.

b)   Deberían haber cursado como mínimo la educación primaria elemental (de primero a cuarto grado de nuestra organización actual).

c)    Recibirían una cuota mensual de 22 pesos cincuenta centavos para alimentación (en

1923 – 35 era de cincuenta centavos diarios).

d)   Debían vivir en la misma región en la que estaba enclavada la escuela.

e)   El anterior era un principio rector pues, al dejar la escuela, deberían trabajar y seguir viviendo en ella.

 

 

2)   PLAN DE ESTUDIOS

a)   Su duración constaba de cuatro semestres que duraría este curso intensivo para lograr:

b)   “Una formación general que respondiera a las necesidades culturales de la población

rural”.

c)    “Una capacitación profesional que les permitiera impartir adecuadamente la enseñanza

en el medio rural”.

d)   “Un entrenamiento práctico en agricultura, cría de animales, industrias, oficios rurales y economía doméstica (para las mujeres)” y,

e)   “Una preparación que los pusiera en condiciones de impulsar de un modo efectivo el desarrollo de las comunidades”… como puede apreciarse, el plan de estudios era una respuesta lógica a los siguientes “objetivos particulares”.

 

 

3)   CONTENIDO ACADEMICO y práctico para cada uno de los cuatro semestres:

a)  “Primero: lengua nacional, aritmética y geometría, ciencias sociales, estudio de la naturaleza, canto y educación física, escritura y dibujo, economía doméstica, trabajos agrícolas, oficios e industrias rurales”.

b)  “Segundo: Con mayor amplitud que en el anterior: lengua nacional, aritmética y geometría, estudio de la naturaleza, ciencias sociales, anatomía, fisiología e higiene, con referencia a la protección de la vida y la salud; canto y educación física, escritura y dibujo, economía doméstica, trabajos agrícolas, oficios e industrias”.

c)     “Tercero: lengua nacional, aritmética y geometría, ciencias sociales, canto y educación

física, estudio de la vida rural, conocimiento del niño y principios de educación, economía doméstica, trabajos agrícolas, oficios o industrias rurales, técnica de enseñanza de la lectura y de la escritura, observación en la escuela primaria rural anexa”.

d) “Cuarto: lengua nacional, aritmética y geometría, organización social para el mejoramiento de las comunidades, técnicas de enseñanza, economía doméstica, canto y educación física, trabajos agrícolas, oficios e industrias rurales, prácticas en las escuelas rurales y comunidades de la zona”.

 

No es necesaria una profunda reflexión sobre el contenido de este parágrafo, para encontrar que, con la actividad académica, estaba ligada y apoyada en actividades de carácter práctico que permitía de manera natural, ligar la teoría de las actividades académicas con el hacer en el campo, talleres y anexos e  -incluso- con su trabajo de observación y práctica en las escuelas rurales.  Al señalar de manera reiterada la realización de actividades manuales quedaba claro el propósito de unir la teoría y la práctica. También quedaba claro en la conciencia del futuro y modestísimo profesional de la enseñanza, la función de la escuela que –para alcanzar plena validez- debería abarcar a la comunidad entera y que lo supremamente deseable, era propiciar el mejoramiento general sin el cual, la escuela empobrecería los resultados de su acción, por cuanto la educación no se incorporaba a los propósitos de progreso de la nación, es decir, al propósito renovador y justiciero de la revolución.  Lenguaje, aritmética, geometría, anatomía, etc., al mismo tiempo que un saber, eran herramientas para alcanzar la mejoría del vivir de todos los vecinos y por tanto de la comunidad en cuanto agrupamiento humano y realidad material.

 

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Es muy importante señalar que –en 1923- durante la semana del 13 al 18 de febrero, siendo Secretario de Educación Pública el Dr. José Manuel Puig y Casauranc y primer magistrado del país el profesor y general Plutarco Elías Calles, que el 30 de noviembre de ese año entregó el poder, se reunieron en la ciudad de México –previa cita oficial- los directores de la ENR y los directores de Educación Federal de cada una de las entidades en las que aquellas estaban enclavadas y –claro- trabajando.   En esta reunión a la que el C. Secretario asistió varias veces, se trataron muchas cuestiones en relación con la organización y funcionamiento de las que ya podemos llamar escuelas normales rurales.   Además, hubo algo que  –desde entonces empezó a asomar su cabeza de serpiente- lo que después fue abandono de las metas sociales de la revolución, abandono que abanderaban sin lograrlo del todo, funcionarios de la categoría de Puig, que allí quedó claro cuando, aunque no fue un rompimiento abierto, entraron en contradicción las tesis de la educación revolucionaria, expuestas por Don Rafael Ramírez Castañeda y por don José Guadalupe Nájera, principalmente y las del Dr. Secretario. Lo anterior me lleva a recomendar a quienes puedan hacerlo, la lectura del tomo tercero de la obra del maestro Isidro Castillo ya citada –capítulo XXI- y mejor aún

–si lo pueden hacer- consultar los dos libros de formato grande y profusamente ilustrado con

fotografías, dedicados a publicar informes –y, desde luego- la crónica y documentos de la reunión anterior sobre la educación rural y el otro sobre las Misiones Culturales.

 

La discrepancia se hizo presente porque, al tratarse de la formación del maestro, del problema –por consecuencia- de precisar como debería ser entonces –a 60 años de distancia- el maestro rural mexicano, quedó clara y diáfana a la precisión –entre otras- que señalaba al maestro rural como líder social de la comunidad, como misionero de la cultura y por tanto transformador de

conciencias y guía para la lucha a favor del mejoramiento de las comunidades.  La moneda quedó en el aire y la realidad de estos días pacificó a los de entonces y a los de ahora: Nada tienen que temer del maestro rural –salvo excepciones: ya no hay maestros rurales por que –sencillamente- la educación rural murió en cuanto tal. Los maestros normalistas reciben la misma preparación académica y la SEP dice si van a ejercer en el medio urbano, el semiurbano o el rural para ejercer en el campo, se hizo innecesaria. Es maestro primario es maestro de 25 horas semanarias; en el campo o en la ciudad, debe cumplir un solo programa de enseñanza primaria; los libros de texto son iguales para la ciudad que para el campo.   ¿Qué necesidad académica obliga a que la preparación del normalista mexicano sea una para la ciudad y otra para el campo?.

 

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La SEP organizó –inspirada en el trabajo de las misiones religiosas, especialmente de los siglos XVI y XVII, las Misiones Culturales Rurales y Urbanas, ambos tipos eran viajeras.   Fueron inicialmente, concebidas como instituciones de apoyo para los maestros rurales y urbanos. Posteriormente, como se hizo con los dos Institutos de Investigación Científica. Las nuevas misiones que llevaban como guía de su acción más que teorías pedagógicas modernas, la pedagogía derivada del hacer educativo que condiciona la obra cargada de humanismo de Fray Vasco de Quiroga, creador de una corriente de formación humana –que consideraba cada comunidad como un todo- y que por los años cuarenta de este siglo, la UNESCO se abrogó su paternidad llamándola educción fundamental.  En el libro que la SEP dedicó a estas misiones –que surgieron después de las ENR en

1923- se explica con claridad meridiana lo relativo a su fundación, a partir de la experiencia en el estado de Hidalgo, que  terminó como dirigente Don Rafael Ramírez.   Aclara el  libro algunos malentendidos que por allí andan circulando.  El fermento revolucionario no llegó a las Misiones ni de la plataforma ni de la acción política del partido político algunio. Fue el aliento de la justicia que animó al padre Las Casas, a Fray Vasco de Quiroga y a todos los que –como ellos- consideraron que si todos los hombres son iguales, tiene derecho al disfrute de los bienes y servicios que le dan dignidad a la vida humana. Se acusó a las Misiones de comunistas, de agitadoras, de enemigas en el campo del orden y de la paz que favorecía –como todavía ocurre a los que oprimían, despojaban y explotaban a los campesinos, pero los misiones no hacían otra cosa con su trabajo, que seguir los programas de acción que la SEP había fijado y que –por otra parte en cuanto mandamientos legales- estaban claramente establecidos en la Constitución General de la República.   Divulgar leyes protectoras  para  obreros  y  campesinos  y  sus  familias  –especialmente  de  sus niños  por  cuya educación escolar y extraescolar se luchaba- provocando la reacción de aquellos cuyos privilegios eran pública, social y legalmente atacados.  Se dio un fenómeno que lo anterior explica: mientras obreros y campesinos especialmente, demandaban la presencia de las Misiones Culturales, los propietarios de la tierra, las aguas y los bosques, los comerciantes, industriales, propietarios de la tierra y funcionarios del gobierno con ellos ligados, las calumniaban y estorbaban su acción cuantas veces podían hacerlo. La nobleza del trabajo misionero venció algunas resistencias, ganó simpatías excepcionalmente entre los opositores, pero la poderosa presión enemiga obtuvo su primera victoria: salieron de la SEP.   Las controló otra dependencia federal y, al fin, fueron disueltas y reorganizadas en 1944, pero ya no fueron las mismas.

Todo lo anterior se explica en función de que, las Misiones Culturales, al continuar el trabajo de formación profesional que daban las ENR, partían de una tesis básica: la acción cultural no puede separarse de lo que hace posible el disfrute de los bienes y servicios que hacen humanamente digno el vivir del hombre. Por otra parte, esta información se hace necesaria por lo que vendrá después.

 

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El profesor y general Plutarco Elías Calles cuya acción gubernamental en Sonora, y como presidente de la República, significó importante avance en el hacer revolucionario en beneficio del país y creó instituciones básicas a favor se su futuro desarrollo, tuvo la lucidez de hacerse aconsejar por personas que –comisionadas por su gobierno- recorrieron varios países para estudiar en ellos, sus organismos económicos, científicos, educativos, etc.  Gracias a eso nacieron las Escuelas Centrales Agrícolas –inicialmente  seis en total- destinadas a darle educación agrícola a los hijos de los ejidatarios para que, al regresas a sus ejidos, los peritos agrícolas allí preparados, promovieran en ellos la agricultura y ganadería así como el desarrollo de oficios e industrias rurales, con métodos, maquinaria y equipos modernos.  Su creación fue un acierto.  El error fue poner ese restringido hacer de la educación agrícola en manos de quienes no eran educadores, en primer lugar.   En segundo lugar, no recoger la experiencia, ya bastante confiable, obtenida en la preparación agrícola que las ENR daban a los normalistas rurales. El tercer grave error fue la concepción de la vida que en las Escuelas Centrales Agrícolas (ECA) deberían llevar los jóvenes en cuanto seres humanos con necesidades vitales y en cuanto estudiantes… la verdad es que las dos primeras que se construyeron y dotaron con equipos para el internado, maquinaria agrícola, establos, porquerizas, gallineros, etc., eran dada la pobreza del campo mexicano y de sus antecesoras las ENR, verdaderos palacios. Equipos y dotaciones se consideraron y fueron al final, un derroche… las ECA de El Mexe y la Huerta, construidas en los estados de Hidalgo y Michoacán respectivamente –cuyos locales todavía guardan restos del viejo esplendor- fueron las primeras: arquitectónicamente eran hijas del mismo trazo. Después y en 1926 –que lo recuerde- fue inaugurada la de Santa Lucía, Durango, cuya arquitectura es semejante a la de Champusco, Puebla.  Las dos faltantes con edificios similares -casi iguales- fueron las de Salaices, Chihuahua y Tenería en el estado de México… el Gral. César López de Lara había fundado en Tamatán, lugar muy próximo a Ciudad Victoria, una Escuela de Agricultura sostenida por la entidad y que conocí en 1926 –con motivo del Congreso Nacional de Estudiantes de ese año- que tuvo su asiento en C. Victoria.  El gobierno estatal no soportó la carga económica que para él representaba y la pasó –para su sostenimiento- a la Secretaría de Agricultura y Fomento que la convirtió en ECA de Tamaulipas con lo que, el número de éstas, ascendió a siete.  Dotada de un hermoso edificio, muy funcional por cierto, en ella ingresé el 16 de julio de 1932, al servicio federal como maestro de planta con un sueldo de $300.00 mensuales, que entre los que gozaba el magisterio en general, era, para mí, de privilegio pues se igualaba con el de los Ingenieros Agrónomos –casi todos de Chapingo-, Médico Veterinario y Médico en Medicina Humana… En 1933 se hizo un estudio –por orden presidencial- del sistema de ECA.  Los resultados fueron negativos. Las siete ECA pasaron ese año a la SEP que las convirtió en Escuelas Regionales Campesinas y en algunas de las entidades en donde había ENR, estas se concentraron en las Regionales Campesinas. En los estados en los que sólo había ENR, ésta se transformó en ERC.

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La Escuela Regional Campesina que para 1935 se había generalizado como la Institución de

Educación Primaria Rural, se integró sobre la base de dos cursos:

 

Uno Agrícola Industrial que duraba dos años y uno de Normal Rural con duración igual al anterior: dos años.

 

El curso Agrícola Industrial tenía carácter terminal: los jóvenes recibían diploma que los acreditaba como Peritos Agrícolas y los capacitaban para trabajar como tales en ejidos, pequeñas o grandes propiedades o bien –por su cuenta- ejercer las pequeñas industrias rurales, los oficios rurales, etc.

 

Los que decidían capacitarse como maestros rurales, después de haber asistido y aprobado el Curso Agrícola Industrial, se inscribían en el curso de la Normal.

 

Como se verá, las ERC cubrían dos demandas fundamentales de la población rural; daba una eficaz preparación –fundada en el trabajo- en materia de educación agrícola y –sobre la base de ésta- fincaba la capacitación del maestro rural adecuadamente preparado –además de por su origen- para satisfacer las más urgentes necesidades de la población en edad escolar de nuestros campos.  Justo por estas características y por las bases científicas y pedagógicas que hicieron la unidad de la teoría y la práctica, desde entonces consideré y la sigo considerando aún, que la ERC, es la institución educativa más certera, completa y eficaz con que ha contado el campo mexicano. De las que vinieron después ninguna la ha superado.

 

Las ERC organizadas hasta 1940 fueron 33 clasificadas como sigue: atendiendo a su matrícula, instalaciones, personal, equipo, tierras de cultivo, ganado, servicios, etc:

 

Tipo A

 

Nombre:                                                                                                 Alumnos:

 

1.- El Mexe, Hidalgo                                                                                            200

 

2.- La Huerta, Michoacán                                                                                   200

 

 

 

 

Tipo B

 

3.- Ayotzinapa, Guerrero                                                                                   150

 

4.- San Marcos (Bimbaletas), Zacatecas                                                          176

 

5.- Champusco, Puebla                                                                                       142

 

6.- Col. Emiliano Zapata, Campeche                                                                132

 

7.- J. Gpe. Aguilera (Sta. Lucía) Durango

159
8.- Roque, Guanajuato

140
9.- Salaices, Chihuahua

117
10.- Tenería, Méx.

186
11.- Tamatán, Tamaulipas

250
12.- Uayalké

 

 

 

 

13.- Comitancillo, Oaxaca
 

 

Tipo C
150

 

 

 

 

144
14.- El Quinto, Sonora

125
15.- Galeana, Nuevo León

188
16.- Jalisco, Nayarit

127
17.- Jalpa de Méndez, Tabasco

90
18.- Mactumatza, Chiapas

128
19.- Oaxtepec, Morelos

100
20.- Ricardo Flores Magón, Chihuahua

114
21.- Río Verde, San Luis Potosí

89
22.- San Antonio de la Cal, Oaxaca

130
23.- Soltepec, Tlaxcala

148
24.- San Ignacio, Baja California

120
25.- Xochiapulco, Puebla

99
 

 

 

26.- Coyuya de Catalá, Guerrero
 

Tipo Transición
 

 

 

72
27.- Camichín, Jalisco

90
28.- La Esperanza, Sinalóa

50
29.- Huetamo, Michoacán

75

 

30.- Ozuluama, Veracruz
100
31.- Tecomán, Colima
95
32.- Atzcapotzalco, D.F., en organización

33.- Valsequillo, Puebla, en organización

Total 33 escuelas con 4,086 alumnos.

 

Las ERC en los años de 34 a 39 habían graduado –se concedían diplomas- a 3,903 alumnos y de ellos la minoría se conformaron con su preparación de Peritos Agrícolas y la mayoría – aplastante podemos escribir- perseveró hasta capacitarse como maestros rurales, con sus estudios de cuatro años.

 

Las ERC, ante la realidad de entonces, que registra escaso número de escuelas rurales, crearon el llamado Curso Complementario con un año de estudios, para que ingresaran a ellas aspirantes con certificados de Vi de primaria. Algunas de ellas ampliaron el Curso Complementario a dos años para que contaran con grados de V y VI primarios.

 

Las ERC mantuvieron el sistema único de internado para mujeres y para varones, con servicios de dormitorio, baños, cocina y comedor, enfermería, biblioteca, etc, y –desde luego- el trabajo común para los dos sexos en campos, establos, aseos, etc.

 

En 1938 se creó un sistema de Escuelas Elementales Agrícolas, anexas a las ERC y hacia ellas se desplazó el Curso Complementario.  Llegaron a ser 42 pero –en 1939- se redujeron a 22.  Su alumnado, cumplida esta etapa, se inscribía en las ERC. Como puede apreciarse había preocupación de parte de la SEP por ampliar las oportunidades de estudio a los niños y jóvenes campesinos.

 

En 1942, un mal mexicano y mal Secretario de Educación, con criterio de carnicero y con el hacha de la reacción en la mano, trozó el cuerpo de las ERC y, por una parte, creó las Escuelas Prácticas de Agricultura unisexuales.   Por la otra, organizó las Escuelas Normales Rurales unisexuales, pues la “nueva educación moralizadora” por él inventada, se cobija con el nombre – que se convirtió en sarcasmo- de Escuela del Amor, escuela que no toleró los internados mixtos de las ERC. ¡Concepción política del presidente que se declaró creyente y cuya máxima realización educativa y moral –claro- fue la de adornar a la Diana que lucía, luce, al sur del Paseo de la Reforma, con unos calzoncitos tranquilizadores de alarmadas conciencias pazguatas!

 

Todavía les esperaba a las Escuelas Normales Rurales una –hasta ahora última desmembración-, la que ocurrió en acato al acuerdo de quitarles a las ENR, el ciclo secundario que se había hecho necesario cuando su plan de estudios se igualó con el de la Escuela Nacional de Maestros: seis años de estudios.  En el Congreso Pedagógico celebrado en la ciudad de Saltillo, con motivo de los 75 años que cumplió en 1969, la Escuela Normal que fue de Coahuila y ahora de Saltillo, se votó el acuerdo que autorizó a la SEP para convertir en Escuelas Secundarias Técnicas 15

Escuelas Normales Rurales y dejar como tales otras 15.   La conveniencia política –en este caso

(movimiento del 68)- privó sobre la pedagogía. Precisa asentar algunos datos complementarios:

1.- Las Escuelas Regionales Campesinas constituyeron lo que puede llamarse la coronación

o cumbre de la Educación Rural mexicana que se integraba con:

 

a) Aunque escasos en esos días, funcionaban en el país jardines rurales de niños: antes sólo los había en ciudades.

 

b) La escuela primaria Rural, casi siempre unitaria se había multiplicado por todo el país y una lucha constante de la población campesina se orientaba –con ayuda de los maestros para conseguir el aumento de los grados escolares y donde esto era posible- organizar la escuela primaria con seis grados.

 

c) Con las Escuelas Normales Rurales, inicialmente denominadas Normales Regionales.

 

d) Con las Misiones Culturales que surgieron con la experiencia realizada en Zacualtipán – en la sierra del Estado de Hidalgo- y cuyo jefe fue el profesor Roberto Medellín, Oficial Mayor de la SEP y que –forzoso por sus obligaciones de funcionario- hubo de retirarse dejando la dirección del trabajo al Profesor Don Rafael Ramírez Castañeda, encargado de la cátedra de Educación Rural, que con  éxito  cabal, merecedora  de  felicitación oficial, terminó  las  labores  de éste  primer  grupo misionero. Todo esto ocurrió en octubre de 1923. Inicialmente el trabajo misionero y así consta en documentos oficiales, tenía por propósito mejorar la preparación de los maestros Rurales en servicio.  En un momento de su vida fueron adscritas a las Escuelas Normales Rurales y después a las Escuelas Regionales Campesinas.   Queda claro que las misiones iniciaron su experiencia en octubre de 1923. Iniciaron su acción organizada por medio de varios Institutos como se les llamaba, en el año de 1924.  Igual hicieron en 1925.  Después constituyeron grupos viajeros.  No fundaban Escuelas Normales ni nombraban personal docente para las mismas.  Una ENR –para las Misiones Rurales-era su centro de actividad, en ella se alojaban y guardaban sus equipos, de ella salían a operar en su zona de trabajo y en ella, la ENR primero y en la ERC después, celebraban sus Institutos de mejoramiento de maestros. En vacaciones se concentraban en la ciudad de México.

 

d) Se crearon tres Institutos de Investigación Científica que se adscribieron a las ERC.

 

Con lo anterior, también queda claro que la Normal Rural nació en mayo de 1933 y que fue en 1923 cuando operó el primer grupo misionero.   Luego, no podemos buscar el origen de la educación normal rural en las Misiones Culturales ni hacerlas aparecer trabajando en 1921.

 

En publicaciones impresas hechas en algunas ENR y en la Dirección de Enseñanza Normal de la SEP, que sirven para informar a los normalistas rurales y a sus catedráticos, se han hecho afirmaciones que no corresponden a la verdad y, de las que hay, procuraré aclara algunas.

1.- La Escuela Normal Rural de Los Ébanos, Jaumave, Tamaulipas –fundada el 1 de enero de

1930- tuvo como primer Director al Profesor Raúl Reyes Recio. Sus maestros de planta fueron Don Genaro G. Ruiz y Antero R. Marrero, a los que recuerdo y al Profesor César González, según datos del Anuario de la ENR de San José de las Flores –próxima a C. Victoria, Tamaulipas- correspondiente al año escolar de 1976-1977.   Se habla de Anita Reyes a la que no recuerdo, pues en 1933 cumpliendo comisión de reclutamiento de la ECA de Tamatán, recorrí el Valle de Jaumave, estuve unos días en los Ébanos y allí saludé a mis contemporáneos en la EN de Coahuila, Raúl Reyes Recio y a su hermana Elena Reyes ahora de Millán, de la que fui compañero de grupo. A Antero R. Marrero ya no lo encontré: había, junto con su esposa que era enfermera, cambiado de escuela. Posteriormente –ese mismo año- acompañado al Agr. Don Manuel Mesa Andraca –Jefe del Departamento de Enseñanza Agrícola y Normal Rural- y a sus ex alumnos los Ingenieros Osorio Atenas y Quintero Tovar, volví a los Ébanos.

 

Al convertirse las ECA en ERC, el personal de alumnos, maestros e intendencia, así como equipos, ganado, etc., pasaron a integrar en Tamatán, la Regional Campesina de Tamaulipas.  La razón fundamental del cambio fue la de cumplir el propósito de hacer una sola Institución que ganara en respetabilidad y capacidad educadora y –desde luego- en importancia, las condiciones en que las ENR de los Ébanos se encontraba, no llenaba los requisitos exigidos a una ERC.

 

2.- No fue don Jaime Torres Bodet el autor del cambio de algunas ERC en Escuelas Prácticas de Agricultura, en 1944.  El autor del costoso error que pagó la Educación Rural del país, fue el Lic. Octavio Véjar Vázquez en 1943.

 

3.- Debe quedar muy claro que las Escuelas Normales Rurales de Cañada Honda, Aguascalientes, Saucillo, Chihuahua, Tamazulapan, Oaxaca, Panatla, Tlaxcala y Teteles, Puebla, fueron destinadas para las mujeres.

 

4.- La ENR de Roque, Guanajuato, desde 1964, quedó convertida en EN especializada en la preparación de maestros normalistas para la enseñanza agrícola y las industrias rurales.   Me encargué de esta tarea (guardo el expediente relativo), y al terminar la comisión; recibí orden para hacer igual trabajo en Tamatán aunque –en este caso, una vez explicitados los propósitos de la SEP- por razones que no viene al caso –dejé la tarea en manos del Profesor Rigoberto Castillo Mireles, en quién confié plenamente, limitándome a dos tres visitas para constar los avances de la reorganización.

 

 

 

 

5.- Es necesario reiterar lo que quedó escrito:

 

a) La primera Institución Educativa que se creó en Tamatán –por decisión del Gral. César López de Lara- gobernador de Tamaulipas, tal vez en los años de 1920 a 1922, fue la Escuela de Agricultura del Estado.   Sus cambios posteriores también quedaron anotados.   Nunca llevó el nombre de Escuela Normal Regional que se dio a las de Tacámbaro, Río Verde, Río Grande, etc.

b) Es importante señalar que en tiempos en que fue director de la ENR de Tamatán, el Profesor Ezequiel Guerrero Amaya, hijo de la Escuela Normal de San Luis Potosí y dueño de una mente productora de valiosas iniciativas, logró dos realizaciones importantes.

 

-Contando con la colaboración del Gobierno del Estado y de la SEP y de común acuerdo con el Departamento de Enseñanza de la Universidad de Texas –Tamatán organizó un curso para maestros rurales del Estado de Texas, en el que Doña Eulalia Guzmán –inolvidable por su sabiduría y su valor de mujer mamante se su patria- tuvo a su cargo las conferencias sobre Historia de México. Luis Felipe Obregón tuvo éxito extraordinario en su cátedra de danza y bailables nacionales… Vinieron dos o tres estrellas educativas de la Ciudad de México y el Departamento de Misiones Culturales  me  comisionó  para  que  llevara al  cabo un  curso  de  Educación  Rural.  Este  evento pedagógico Internacional prestigió a las ENR y a la SEP.  Fue un éxito.  Hasta ahora, Tamatán es la única escuela que ha realizado algo semejante.

 

-Una tarde- con la asistencia de los maestros norteamericanos –Mr. Sparkman, Jefe de Enseñanza Normal en la Universidad de Texas que también asistió- del personal de la Escuela, de autoridades del Estado, de la Banda de Música de Victoria y de los Catedráticos del Curso, fue develada la placa que le dio nombre a la ENR de Tamatán: Lauro Aguirre.

 

6.- Debe quedar claro, perdón por lo reiterado de la expresión, que al organizarse la ERC de Tamatán a la que se sumó la ENR de los Ébanos, no cesó la influencia de las Misiones Culturales en las escuelas Regionales Campesinas.  La Misión que operaba con base en los Ébanos, no cesó la influencia de las Misiones que operaban con base en los Ébanos, se alojó a principios de 1934, en Tamatán. Además de mis horas de aula, desempeñaba funciones de Secretario de la Escuela.  Me hice amigo de los misioneros.   No recuerdo todos los nombres pero sí que el jefe del grupo de nombre Luis –era Tamaulipeco-. Los misioneros salían semana a semana a trabajar en los ejidos de la región.  Y recuerdo claramente al maestro de Artes Plásticas, yucateco, Amado García Franchi – vive en Mérida- como uno de los pocos hombres de aguda inteligencia que he conocido.  También recuerdo a una admirable maestra y trabajadora social –muerta a finales de diciembre del 81- Leonarda Gómez Blanco: apasionada de su trabajo pero reflexiva, culta, que sabía hacer muy bien lo que decía saber y –como ahora se dice- carismática. No intimé más con los misioneros porque – en busca de seguridad para mi vida- a fines de septiembre de ese año me fui a Santa Lucía Durango. Tuve oportunidad en julio y agosto de impartir clase de Historia Patria en el curso que –para maestros rurales- organizó la Misión Cultural.   Incluso queda por allí un folleto sobre la Escuela Socialista que –desde Querétaro- dediqué a los maestros rurales tamaulipecos y en el que figuran nombres delos más destacados entre ellos.

 

7.- Conviene precisar que –en materia de publicaciones- el primer periódico que se dio a luz en Tamatán, fue “El Surco”.  Cómo su nombre lo indica correspondió a la primera etapa cuando la institución educativa era la Escuela de Agricultura del Estado.  Cómo Central Agrícola no encontré huella alguna en materia de periódicos o revistas, en 1932. Tampoco hubo actividad en ese sentido el año siguiente: ni siquiera periódicos rurales.  Fue hasta que –convertida la Escuela en Regional Campesina –y siendo Nereo Olvera dirigente estudiantil, nació la inquietud de los alumnos por tener

periódico.   Dirección y  directiva  estudiantil  –pues había  sociedad de  alumnos-  celebraron un concurso para buscarle nombre.  Así nació “Alma Campesina” en 1934, cuyos primeros números robaron horas a mi descanso y por culpa mía: en clase de lenguaje me ganó un día la petulancia y dije que había publicado periódicos escolares y hasta, por varios meses, me había encargado de un periódico diario en Hermosillo, Sonora.  El nombre de “Alma Campesina” le abrió muchas puertas. Fue enviado a todas las ENR de las que, algunas, enviaron los suyos.   Recuerdo el periódico de Oaxtepec, cuyo joven director -Granguilhome- conocí años después convertido en buen escritor. Pero –como ya dije-, me fui a Durango y no supe más de “Alma Campesina”.  Este periódico fue un activo y eficaz agente de un hecho que tuvo trascendencia histórica en la vida de las normalismo rural en todo el país.

 

8.-  en 1932, la  Central  Agrícola  de Tamatán  fue sacudida  por  una  huelga estudiantil. Comprobadas las acusaciones estudiantiles, la Secretaría de Agricultura y Agrónomos que con él colocaran.   Fue así como llegaron a ella el Ing. Alfredo Rico Rodríguez como director y, como encargados de cátedras y actividades agrícolas, ganaderas e industriales, los Ing. Diego Mansilla Río, Carlos Anzures Ruiz, Leonardo Robles, Efrén Quintero Tovar y otros más que no recuerdo. Encargados del programa escolar, el profesor Javier Bonilla y el que escribe.  Con todo y que el cambio favoreció mucho a los alumnos, seguía viva una corriente de pensamiento a favor de que los jóvenes tuvieran mayor participación en la vida de la Institución.  Así nació el Consejo Escolar, raíz de lo que después fueron las comunidades escolares y la organización democrática de las ENR… Un día los jóvenes –que ya participaban en el Consejo, tenían su sociedad de alumnos y su “Alma Campesina”, supieron que se celebraría en C. Victoria un congreso de estudiantes a nivel de secundarias, preparatorias y normales.  Fui interrogado sobre por qué no los convocaban a ellos. Les sugerí que su organismo estudiantil formulara petición que llevaría delegados de Tamatán, pidiendo los dejaran participar en dicho congreso.  Volvieron furiosos después de su gestión: los citadinos –ellos habían hecho resaltar su condición de estudiantes campesinos- los trataron con majadería y algunos de ellos se comportaron con insolencia: los hirieron profundamente con expresiones como éstas: ¿Qué es eso de ERC?; ¿Quién conoce esas escuelas? Aquí nadie sabe que existen.   Creemos que ustedes están inventando… Mi sorpresa fue tal que pedí –no sabía que decirles- nos reuniéramos por la noche. De esa reunión salieron los siguientes puntos de acuerdo:

 

a) Tienen razón. Ellos son de la ciudad y por campesinos nos desprecian.

 

b) Escuelas como la nuestra las hay en todo el país y no tenemos por que verle la cara a los citadinos.

 

c) Debemos lanzar un manifiesto a todos los normalistas rurales, invitándolos a unificar todas las sociedades de alumnos para formar un organismo nacional.

 

 

posible.
d) el manifiesto debe ser publicado en “Alma Campesina” y recibir la mayor publicidad

 

Otro día, el ejecutivo estudiantil acompañado de los alumnos –mujeres y hombres- de los más destacados, trataron el  problema con el Ing. Alfredo Rico Rodríguez, quien no sólo aprobó la

resolución estudiantil; prometió ayuda y los motivos para seguir adelante hasta cumplir sus propósitos.   Aquí de pasada: El Ing. Rico –hijo de un maestro- es uno de los educadores más completos que he conocido.   Cuando fue Director de Chapingo -1939 abrió las puertas de esa escuela a los hijos de las ENR…

 

Otra vez a trabajar duro: elaboré el proyecto de manifiesto y en él probaba mi falta de capacidad política.  Cometí el error de plantear una tajante división entre la ciudad y el campo y – tal vez por eso- impreso en “Alma Campesina” y hecho circular –por todas partes despertó y echó a andar el propósito principal: crear un organismo estudiantil con todos los normalistas rurales.

 

Desde Tamatán se citó a los delegados de las ENR que aceptaron la organización nacional de sus sociedades de alumnos, para que asistieran a la reunión que tendría lugar en Santa Lucía, Durango, en un día de la segunda quincena de diciembre de ese mismo año: 1934, este intento de primer congreso fracasó.  Concurrieron representantes de una minoría de escuelas, entre las que recuerdo a los delegados de Michoacán, Tamaulipas, Nayarit.  Creo que no pasaron de siete los estados representados. Sólo hubo delegadas de dos escuelas de mujeres. A pesar del corto número de escuelas representadas, se tomaron acuerdos para citar a un nuevo congreso en 1935.

 

La verdad es la de que no fue bien vista la creación de un organismo de estudiantes totalmente alejado del movimiento de estudiantes socialistas de México. Estos se movilizaron y en junio de 1935 –con la ayuda de la SEP- consiguieron que las Normales Rurales celebraran su congreso de unidad en Roque, Guanajuato. A este congreso asistieron los dirigentes de la juventud socialista –Carlos Madrazo entre otros- y jóvenes centro y sur americanos, uno de ellos, boliviano, que se ligó a la política cardenista, terminó colgado de un farol en la plaza pública de su país.

 

El organismo creado fue la Federación de Estudiantes Campesinos de México. No recuerdo nombres de los que integraron su primer Comité Nacional. La sigla fue FECSM.

 

No asistí al congreso porque la SEP me ordenó que la ECA de Santa Lucía, Durango, fuera reorganizada como ERC a partir de febrero de 1935.  Lo que cumplí venciendo muchas dificultades

–empezaba la agitación nacional en contra de la Escuela Socialista y –desde luego- en contra del comunismo.  Se habían sublevado remontándose a la sierra, los cristeros de Durango, cuyo jefe “Chico” García, tenía en la mira a nuestra escuela.  Al pacificarse –por primera vez en la región habíamos celebrado en la escuela el Primero de Mayo –se exigió mi salida pues- además- habíamos organizado la “Liga Marxista José Guadalupe Rodríguez” –líder campesino comunista asesinado en un panteón en la C. de Durango- el 14 de mayo de 1929. No me lo perdonaron y en julio del 35 me hice cargo de la Misión Cultural No. 18, en San Juan del Río, Querétaro.

 

La historia de la FECSM se publicó a principios de 1950. El Ing. Julián García facilitó el único ejemplar de ella que se pudo conseguir, a una persona de la Secretaría de Gobernación.  Ojalá lo pueda rescatar para hacer fotocopias.

Entre los firmantes del Manifiesto que lanzó Tamatán, recuerdo algunos nombres: José dolores Ponce Rodríguez, Andrés Barrera Garza, Martín Gallegos Sánchez, Pedro Williams Riestral y Roberto Orozco Díaz que creo era el presidente de la Secretaría.

 

Acaba de morir –enero de 1982- el Gral. Real Félix, que como gobernador de Durango, recibió a los normalistas rurales en diciembre de 1934, que asistieron al fallido congreso de Santa Lucía.   Los alentó con cálidas palabras de simpatía y –espontáneamente- les brindó ayuda económica.

 

9.- Quiero dejar constancia de que –a fines de septiembre de 1935 que llegué a Santa Lucía- encontré una Misión Cultural trabajando en la región del Valle de Canatlán y que, la ECA, era su base y centro de operaciones. Su jefe era un profesor de apellido Velasco –después director de Galeana- y del personal recuerdo a la Trabajadora Social, cuyo segundo apellido es Narcia, al pintor –Maestro de Artes Pláticas- José Mendarózqueta y al Operador de Aparatos Cinematográficos Marcelino Reyes, después dirigente de SUTESC -Sindicato Único de Trabajadores de la Enseñanza Superior Campesina.  Dejo la referencia como comprobación de que -1934- las Misiones seguían ligadas al hacer educativo de las ECA y de las ERC.

 

10.- El anterior y largo relato, aspira a despertar un propósito: el de elaborar una historia fiel de la Educación Normal Rural en nuestro país que –como debe ser- constituya parte de la Educación Normal Mexicana considerarla- en todos sus niveles- como condición básica para que la educación mexicana en su conjunto: del Jardín de Niños a la Universidad.

 

La Educación Normal Rural cuenta un conjunto de realizaciones importantes que no podrán negar los más perspicaces y exigentes de sus críticos.

 

C. Lerdo, Durango, 29 de Enero de 1982. (firma)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Bibliografía

 

1.   México: Sus Revoluciones Sociales y su Educación. Isidro Castillo. III Tomo.

2.   La Educación Pública en México. Poder Ejecutivo Federal. 1940 Primer Tomo.

3.   Las Escuelas Regionales Campesinas. SEP. 1940.

4.   Las Escuelas Rurales. SEP. 1937.

5.   Las Misiones Culturales. SEP. 1937.

6.   La Batalla por la Cultura. José Santos Valdés. 1946.

7.   50 años de Misiones Culturales. José Santos Valdés en Testimonios y Documentos en el

diario  “El Día”, ediciones los días 29 y 30 de octubre de 1973.

8.   Vida Estudiantil. Anuario de la Escuela Normal Rural Experimental de Tamaulipas, 1976-

1977. Ejido de San José de las Flores, Güemes, Tamaulipas.