Editorial

El Sandieguismo en el tiempo

El tiempo, ese elemento para lo cual el ser humano creó un instrumento llamado reloj con el cual medimos el tiempo, delimitándolo en segundos, minutos, horas; y para los días, semanas, meses, décadas, siglos y milenios, creó el calendario.

Ese, el tiempo que decimos “va pasando”, permanece aquí, quieto, silencioso, permanente, porque los que vamos pasando en realidad somos nosotros, el tiempo se queda y cada ser humano, en su momento, se va, porque al medir el tiempo medimos nuestra vida y lo que sucede y hacemos con ella,…….. no antes de nacer, no después de morir.

Valga la digresión, “El tiempo nos da nuestra medida”.

Así podemos decir que muchos años han pasado desde que egresamos de esta escuela y otros más desde que ingresamos a ella, fuimos asignados a diferentes partes del país, desubicados geográficamente, cultural y emocionalmente sentimos la nostalgia acendrarse hasta en ciertos casos volverse dolor. Hoy sentimos la diferencia entre aquellos que jugamos en estas canchas, retozamos en el césped, tomamos clases en estas aulas, cuando la energía rebozaba nuestros cuerpos y los que hoy, atónitos miramos el mismo escenario con muy pocos cambios, porque los cambios más notables están en nosotros mismos. Los que han cambiado, somos nosotros. O mejor dicho:

“El tiempo nos ha cambiado”.

Nadie, nadie, nadie se ha detenido a pensar en aquellos aspirantes que necesitándolo tanto, tanto como nosotros, o tal vez más que nosotros, en su momento, solicitaron y sustentaron examen de admisión a esta escuela,……………pero no resultaron selecciona dos, y que sin embargo, entre ellos, que nadie lo dude,  habrían quienes hubieran resultado ser excelentes maestros. ¿Cuántos fueron?…………..¿Qué fue de ellos? ………Esta escuela es de ellos, de sus padres y sus familias por simple hecho de por tan solo alguna vez fincar sus esperanzas en ella, tanto como lo es de los que tuvimos la fortuna de ingresar aquí, de los egresados que se fueron y cumplieron, así como de aquellos que se fueron y se olvidaron de ella, porque esto último y no cumplir con su misión o distorsionar ésta, es lo mismo. También es de la clase marginada de nuestro pueblo, porque fue fun dada para enseñar los principios de su reivindicación y dio al país hijos para hacer efectiva esta enseñanza.

Esta reflexión es parte de la definición del concepto de universalidad de nuestra escuela, y su enseñanza en su carácter cientificista y humanista.

Algunos compañeros difícilmente habrían regresado a este lugar, otros por algún trámi te de documentación, y otros lo hicieron por paseo o hasta que se estableció la celebra ción del Aniversario, esperando encontrar tal vez, o cada vez, algún cambio en la escue la, cuando cada vez, los cambios se dan en nosotros.

Algunos compañeros sienten que la escuela fue como estación de paso y con el tiempo en su zona de confort que les brinda un sueldo federal vieron cómo la imagen de ésta se volvía más difusa hasta  borrarse.

Hubo otros que conservan el recuerdo dulce, romántico propio de la edad que pasamos en ella, pero no se preguntan ¿Y cómo estará hoy nuestra escuela?

Cierto también que otros egresados no dejaron nunca la escuela, porque se fueron, pero la llevaron consigo mismos, en su mente y en su corazón. Quienes difícilmente espera ron el día de su despacho para llenos de energía, entusiasmo, ímpetu y conocimientos, partieron raudos (como caballos en hipódromo) a cambiar no una comunidad, sino que a cambiar el mundo entero.  Estos egresados extrañaron a sus maestros de la normal en cada situación comunitaria y hubieran deseado tenerlos cerca para consultarles, pero la realidad en el campo de la práctica los terminaría de formar. Estos últimos son los pro ductos que hicieron grande a esta insigne escuela.

Hubieron egresados que, virtud a su situación geográfica y el tráfago del trabajo no se enteraron del cierre de la Normal sino de una manera tardía e indirecta; otros, en virtud a su cercanía y a su convicción ideológica asistieron en apoyo del reducto de estudiantes que quedaban en pie de lucha en contra del proceso supresor. El coraje y la impotencia ante las fuerzas represoras marcaría con profundo relieve el espíritu de aquellos adolescentes que transitaron a la juventud en una auténtica lucha que hasta hoy se libra en otros rincones del país para preservar a las escuelas existentes de la deriva neoliberal.

A este proceso se le podría llamar la evolución de un ser humano a un ser nítidamente normalista, calidad que se lleva siempre donde y en la circunstancia que sea  y que, como flama,  solamente se extingue con la muerte.

Esto, queridos hermanos, es el sandieguismo.

Hay algo que es parte de nuestro ser, y ésta que era nuestra escuela, lo seguirá siendo y su interna do abriga ahora a jóvenes estudiantes de secundaria. De Escuela Normal, se convirtió en Escuela Secundaria Técnica Agropecuaria y de ahí fue convertida en Secundaria General. Tan sigue siendo escuela que cada vez que regresamos al lugar, regresamos mental mente en el tiempo y solo vemos lo que en aquel entonces vivimos, no vemos pequeños ni grandes cambios, solo vemos lo que nuestra emoción nos presenta.

Otro hecho muy particular es que muy pocos egresados al venir, pasean por sus alrededores, sus anexos, por lo que muy pocos se enteran de primera mano de las verdaderas condiciones en que se encuentra nuestra madre.  Los anexos: pista de atletismo, cancha de futbol, de baseball y la huerta han desaparecido. Es decir, que si se han dado cambios éstos han sido por adecuación al nivel educativo que ahora se imparte.

Nuestra madre está sola, porque sus hijos mayores están lejos.  Y si venimos, pero La mayoría de los egresados llegamos, celebramos y embargados de emoción cantamos el himno y hasta lloramos, bailamos música del recuerdo transportados en el tiempo, socializa mos con otros egresados y  si acaso en un momento crucial alcanzamos algún dormito rio o algún baño y luego, tan rápido como llegamos, como si algo nos ahuyentara nos re tiramos, para hacer lo mismo el año siguiente para el próximo aniversario.

“Hay regiones de nuestro país en que así se visitan los panteones”.

Pero San Diego no es panteón, no es lugar de muerte, es lugar de nacimiento, de transformación, de forja, es crisol de vidas y lo seguirá siendo.

¿Y por qué visitamos a nuestra madre de esta manera?

Muchos parten después de celebrar con la “visión de aquella escuela“, pero no de la actual, y así mantienen en su imaginario el sentido romántico de su juventud.

Solamente que, antes nos despedíamos con la energía, la seguridad y el entusiasmo del “Nos vemos el próximo año aquí mismo”, pero cada vez son menos la energía, el entusiasmo y la seguridad. Y esto es porque cada vez vemos en este ejercicio anual la proximidad del fin.

¿Es que a estas alturas no tenemos nada que ofrecerle a nuestra escuela más que “una visita de doctor cada año”?

Si en realidad pensamos y sentimos así,………… ya estamos acabados.

Nuestra madre es una escuela diferente a todas, ha evolucionado pero no ha sucumbido, ha sufrido cambios, mutaciones, pero sigue siendo la misma, pues continúa abrigan do adolescentes y jóvenes y encausando vidas y si le falta algo es lo que las instituciones oficiales o ningún funcionario le pueden dar, es algo que solo sus egresados tienen.

Y mi pregunta es; ¿Por qué nosotros no se lo hemos dado?

Nunca se ha sabido que algún grupo organizado de egresados organiza visitas para con fraternizar con los actuales estudiantes, quienes en tanto internos bajo el cobijo de nuestra misma madre son nuestros hermanos menores.  Tampoco hemos organizado o gestionado ante alguna autoridad, casa editorial o institución alguna la donación de libros para la biblioteca, útiles deportivos, cursos extracurriculares de diversa naturaleza para beneficio de ellos. En diferentes ocasiones unos cuantos hermanos de la XIV Generación ha organizado en desinteresado y generoso gesto, un operativo cada año, la recaudación de productos de aseo personal: jabones, pasta dental, papel de baño etc.  para su donación a nuestros hermanos menores del internado, y desde aquí pedimos: Si hay algún otro grupo, organización o individuo que haya realizado alguna acción similar, sería interesante saberlo.

“Y aunque acaso me vaya muy lejos, olvidarme no puedo de ti”

Sin embargo, este significativo esfuerzo nos demuestra que “No olvidarnos de nuestra escuela no es suficiente”, porque en este esfuerzo se necesita la concurrencia bien organizada de todos los egresados. Hay tantos rubros en los que se puede enriquecer la vida de los internos como nuestra creatividad nos permita. Esto por nuestra parte sería renovar, darle valor agregado a nuestra vida y mirar al futuro.

“Que para eso nuestra madre está formando nuevas generaciones”.

 

Ermilo Peraza Quiñones

XV Generación

San Diego, Tekax, Yuc.   a 1º. De Mayo de 2018